"Testigo mudo de las fechorías de aquel impresentable mariscal Ney y su horda de franchutes, que noramala pegaron fuego al arrabal saqueando sus casas, los mismos que fusilaron a nuestros abuelos en el Campo de la Verdad, junto ala ermita de Santa Bárbara, y a quienes –a la chusma napoleónica, digo- espero que Dios haya confundido para siempre. Protagonista y también testigo silencioso, que no sordo, del arte de la Música. A su pie esperábamos, impacientes, año tras año, que la Banda Municipal estrenase ... (ver texto completo)