"No puedo evitar aquí un recuerdo agradecido hacia el viejo olmo de la
música. Nuestro olmo por antonomasia, nuestro
árbol sagrado, que un soriano anónimo plantó en este
campo de
San Andrés, corriendo el año once del mil seiscientos, en tiempos del rey Felipe, el tercero así nominado de aquellos austrias que dominaban el mundo, cuando todavía andaba por él Cervantes, a quien está dedicada la alameda, nuestra Dehesa. A su
sombra jugaron generaciones de niños, se declararon su amor los enamorados y
... (ver texto completo)