¿Sabes que ha muerto el indigente de la esquina? Lo soltó con tono indiferente, como quien dice: ¿Sabes que el pan ha subido 2 céntimos? Me entraron ganas de gritar: El indigente tenía un nombre; se llamaba Martín y era el padre de tu nieto.
Lo conocí con quince años; en esa alocada edad donde los sueños crecen raudos en los hondos jardines del deseo. Si no me hubiera preguntado la hora cuando pasé delante de aquella librería; si yo, ostentosa de mi belleza, no me hubiese parado a contestarle; ... (ver texto completo)
Lo conocí con quince años; en esa alocada edad donde los sueños crecen raudos en los hondos jardines del deseo. Si no me hubiera preguntado la hora cuando pasé delante de aquella librería; si yo, ostentosa de mi belleza, no me hubiese parado a contestarle; ... (ver texto completo)