En aquellos inviernos tan fríos de entonces en los que era frecuente ver nevadas de medio metro de espesor y otras que duraban un mes sin deshacerse, la gente pasábamos mucho frío, sobre todo las personas mayores. Y había que hacer cosas que hoy nos parecerían extrañas. Yo he visto a los dueños y a los pastores de las ovejas encerradas, llevar a los corrales cargas de alfalfa y esparceta. Marchaban de casa con polainas y pieles de conejo en los pies, para que no se les congelaran. Todo para alimentar ... (ver texto completo)
En casa tampoco se estaba como ahora, con aire acondicionado y allí también se pasaba mucho frío. En los hogares te calentabas por delante y te helabas por detrás. En Deza no teníamos “glorias” instaladas en las casas, como la amiga Victoria, tenía en la Nuez de Arriba. En las escuelas tampoco sobraba calor y las niñas se llevaban su rejilla con ascuas para los pies pues el suelo estaba siempre frío. La estufa de serrín no daba suficiente calor para todos y a veces se armaba una zorrera que nos ahogábamos. ... (ver texto completo)