Hubo un maestro en Deza, allá por los años 30, del cual guardo un recuerdo muy especial, que se llamaba Don Florentino y que andaba con dos muletas. Muy buen maestro pues ponía gran empeño en que aprendiéramos lo poco que se podía aprender puesto que cuando llegábamos a los doce años ya nuestros padres nos sacaban de la escuela y nos arreaban una yunta para que fuésemos a labrar, a buscar leña al monte, a segar y a lo que saliera. Especialmente si eras el mayor de la camada pues en aquellos tiempos ... (ver texto completo)