Otro relato de lobos.
“El abuelo Natividad, andaba una noche por la sierra, había ido a cargar un carro a la estación del tren. Surgieron problemas con la carga y como mayoral de la finca volvió a la casa para pedir consejo al encargado.
La senda era estrecha, pero la luna la iluminaba. Había recorrido esa senda de noche en muchas ocasiones, las mulas las conocían tan bien que uno podía dormirse montado y amanecer en el cortijo, pero aquella noche no andaba solo. Oía las pisadas paralelas a ... (ver texto completo)
“El abuelo Natividad, andaba una noche por la sierra, había ido a cargar un carro a la estación del tren. Surgieron problemas con la carga y como mayoral de la finca volvió a la casa para pedir consejo al encargado.
La senda era estrecha, pero la luna la iluminaba. Había recorrido esa senda de noche en muchas ocasiones, las mulas las conocían tan bien que uno podía dormirse montado y amanecer en el cortijo, pero aquella noche no andaba solo. Oía las pisadas paralelas a ... (ver texto completo)
El lobo y el cazador
¡Se equivocó la pobre fiera! Era una noche negra como boca del mismo lobo, el cual acuciado por el hambre maldita, oteó el redil de las ovejas y allá se fue. Pero, por meterse en el redil, se metió en la casa del cazador. ¡Que mala pata! Inmediatamente se dio cuenta de su tamaño error, pues los perros, notando su presencia (¡maldito olfato!) empezaron a ladrar furiosamente y el cazador, veterano de su deporte, corrió a por su escopeta y empezó a dar gritos en la noche.
En ... (ver texto completo)
¡Se equivocó la pobre fiera! Era una noche negra como boca del mismo lobo, el cual acuciado por el hambre maldita, oteó el redil de las ovejas y allá se fue. Pero, por meterse en el redil, se metió en la casa del cazador. ¡Que mala pata! Inmediatamente se dio cuenta de su tamaño error, pues los perros, notando su presencia (¡maldito olfato!) empezaron a ladrar furiosamente y el cazador, veterano de su deporte, corrió a por su escopeta y empezó a dar gritos en la noche.
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