Un sacerdote católico ejercía su ministerio en un pueblecito de Alaska. El Obispo de aquella extensa diócesis, realizó una visita pastoral a dicho
pueblo y, después de
comer, comentó con el clérigo:
-Su paternidad, ejerciendo en este país tan inóspito, demuestra un gran espíritu de sacrificio.
-No lo crea, monseñor, yo aquí me las apaño muy bien con mi Wisky y mi rosario.
-Si-repondió el obispo-, pero no me negará que con este clima y con unas
noches tan largas, ha de serle muy penoso.
-En absoluto,
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