Los grandullones, si había nieve, se apostaban en lugares estratégicos y nos esperaban con una bola en cada mano, listas para lanzarlas contra un enemigo que nos les haría frente por ser más pequeños, haciéndonos correr de lo lindo para evitar que nos cascaran. Para aumentar el peso y por lo tanto también el alcance del tiro, había algunos que les ponían piedras dentro.
Un abrazo.
Un abrazo.
Los pajarillos se metían en los gallineros y en los pajares y muchas veces aquello era su perdición pues caían en las manos del mayor depredador de la historia que es el hombre. Algunas personas los cogían a cientos para comérselos fritos y así aprovechar una fuente de proteínas muy importante. Se notaba, en la gran cantidad de plumas que tiraban a menudo en los basureros, aquellas vecinas que tenían un buen corral puesto que no entraban en todos aunque hubiese en ellos, comida de sobras. Yo lo comparo ... (ver texto completo)