Del parco campesino compañera,
su fiel benefactora,
de alimañas inmundas, venenosas,
le limpia de los ríos la ribera,
las charcas y lagunas cenagosas
con su pico de espada vengadora.
Cuando el pardo barbecho
rotura el labrador en la solana,
le sigue a corto trecho
y se ofrecen recíproco servicio:
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Cuando eleva su vuelo
a buscar de su prole el alimento,
más que volar navega
por el plácido oacéano del
cielo
con su suave y pausado movimiento
si sus alas imensas las despliega.
Por el suelo, camina tan erguida
que parece que avance de puntillas
con zancada hiperlarga, a su medida
y humilde suavidad de zapatillas.