"Con el vaso a medio apurar y sin intención de agotar la botella, tendríamos todavía ocasión de acercarnos a la taberna del Félix, junto a la Plaza de Abastos, casa de comidas frecuentada al mediodía por gentes de la provincia que habían venido a la ciudad a vender sus productos, dar una vuelta por si la chica interna en las monjas necesitaba algo, o mercar cualquier género que no encontrasen en el pueblo. Al caer la tarde, sin gente de fuera, la clientela se componía de varios corrillos de vejetes ... (ver texto completo)