La escena debió ser alucinante; la esposa del doctor Gaya asomada al balcón pidiendo auxilio; en la calle, la gente congregada sin atreverse a intervenir para evitar el desafuero o suavizarlo; el hijo paralítico asistiendo impotente a la profanación de su hogar y al maltrato de su madre; y la joven Amparo, no hay que hacer mucho esfuerzo para imaginarla paralizada por el terror. Al fin, los requetés que habían irrumpido en el domicilio de la familia, al grito de ¡Viva Cristo Rey! –Señor, ¡cuántos ... (ver texto completo)
Empieza la odisea de don Juan Antonio Gaya Tovar. Afortunadamente, no está enterado de lo sucedido en su domicilio y, al día siguiente de su detención, es trasladado al cuartel de Santa Clara, donde permanece hasta el día 1 de agosto, que es ingresado en la prisión provincial. Mientras permanece en el cuartel de Santa Clara es tratado con humanidad y sus familiares le visitaban diariamente. Tenía Gaya la impresión de que estaba detenido más bien para garantizar su seguridad personal, impresión compartida ... (ver texto completo)