Cosas que pasan de críos.
Mi padre, un invierno hace ya muchos años, a instancias de la madre, cada día cuando llegaba a casa me echaba la bronca porque no había realizado la orden de cortarme el pelo. Después de no sé cuantas veces de decírmelo, una noche se enfadó y me dijo: ¡Esta noche cuando yo llegue a casa te quiero ver con el pelo al cerooooo!
Aquella vez tomé la amenaza al pié de la letra y me dejaron la cabeza como un melón, rapada al cero. Cuando vino mi padre, yo creía que iba a estar ... (ver texto completo)
Mi padre, un invierno hace ya muchos años, a instancias de la madre, cada día cuando llegaba a casa me echaba la bronca porque no había realizado la orden de cortarme el pelo. Después de no sé cuantas veces de decírmelo, una noche se enfadó y me dijo: ¡Esta noche cuando yo llegue a casa te quiero ver con el pelo al cerooooo!
Aquella vez tomé la amenaza al pié de la letra y me dejaron la cabeza como un melón, rapada al cero. Cuando vino mi padre, yo creía que iba a estar ... (ver texto completo)
Una manera de humillar a la gente en mis tiempos de mili, era cortar el pelo al cero. Con ello creo yo que se rompía la uniformidad tan cacareada en dicha institución pues algunos conservaban su cabello durante su permanencia en filas y otros lo perdían varias veces. O sea que si se miraba la formación el uno estaba pelado al cero y el otro no. Vaya paradoja. ¿Sería por eso que inventaron el gorro, evitando con ello el ridículo capilar...?.
Un abrazo.
Un abrazo.