En la viña del Señor, tiene que haber de todo. Hay racimos dulces y también hay agraz. En los doce años que residí en Deza, sucedieron muchas cosas; algunas se han olvidado y otras han quedado en la memoria. Unas fueron buenas y otras menos buenas. Hablando de cosas placenteras y teniendo en cuenta el tiempo en que nos encontramos, podemos hablar de las uvas y, por supuesto, del vino. Junto a nuestra residencia palaciega, existía un lagar, un lugar dormido durante todo el año; pero que ahora se convertía ... (ver texto completo)