Mientras el tren se iba alejando, dejando atrás la Sierra de San Marcos a un lado y la de Santa Ana al otro, me preguntaba si el arraigado sentido de la independencia que, según decían, durante generaciones mantuvimos los Pedraza, no era un precio demasiado alto que volvía a alejar a uno de los suyos de esta bendita tierra. No era amigo de pedir favores y menos de coartar mi libertad por estar en deuda con alguien que me hubiera podido proporcionar un trabajo. Había tomado una decisión y asumía sus ... (ver texto completo)
Iba recordando, de tanto habérselo oído contar, que también él tuvo que salir a buscarse la vida- el coscurro, decía- fuera del pueblo, Durueña, un lugar de la sierra hoy despoblado como tantos otros de la Vieja Castilla. Bien joven bajó por primera vez a tierras jiennenses para trabajar de cagarrache en los molinos aceiteros en época de recolección de la aceituna. Como era despabilado, se defendía bien con las cuentas y sabía leer y escribir con soltura, no tardó en mejorar su situación en la fábrica ... (ver texto completo)