Los domingos parecían prometer mucho, pero solían quedarse en poca cosa, casi siempre. Las mañanas del domingo, los más afortunados podían participar en Piruetas, el programa infantil que se emitía en directo desde la emisora de radio que ocupaba un ala del piso alto del palacio de los Condes de Gómara. Un hada y un mago entretenían a los niños. Los elegidos participaban en un concurso que ganaba quien se comiera antes un merengue y consiguiera decir “Pamplona”, sin espurrear a los presentes.

Tristes ... (ver texto completo)
Fueron pasando los inviernos y aunque, una vez llegados a la pubertad, se nos abrían nuevos horizontes, el vacío, el aburrimiento y la tristeza de los domingos continuaban siendo los mismos, sin que pudiese remediarlo la evasión del cine que se nos ampliaba ahora a las otras salas de la ciudad, adonde ya acudíamos solos, sin la compañía de los padres o los hermanos mayores. Previamente, por las mañanas habíamos recorrido el Collado para ver las carteleras: unas pizarras colgadas en las columnas de ... (ver texto completo)
Guardo muy pocos recuerdos de aquellos domingos invernales de la niñez. Entonces, el domingo era el único día festivo de la semana. En el colegio obligaban a ir a misa –el tercero, santificarás las fiestas- y, concluida ésta, apenas el cura pronunciaba el ritual ítem, misa est, pasaban lista por si alguno había tenido la ocurrencia de quedarse en la cama. Los primeros sonidos que rompían el silencio de la mañana eran los de la voz del churrero anunciando su mercancía con la cesta colgada del brazo: ... (ver texto completo)
Los domingos parecían prometer mucho, pero solían quedarse en poca cosa, casi siempre. Las mañanas del domingo, los más afortunados podían participar en Piruetas, el programa infantil que se emitía en directo desde la emisora de radio que ocupaba un ala del piso alto del palacio de los Condes de Gómara. Un hada y un mago entretenían a los niños. Los elegidos participaban en un concurso que ganaba quien se comiera antes un merengue y consiguiera decir “Pamplona”, sin espurrear a los presentes.

Tristes ... (ver texto completo)
Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)
Guardo muy pocos recuerdos de aquellos domingos invernales de la niñez. Entonces, el domingo era el único día festivo de la semana. En el colegio obligaban a ir a misa –el tercero, santificarás las fiestas- y, concluida ésta, apenas el cura pronunciaba el ritual ítem, misa est, pasaban lista por si alguno había tenido la ocurrencia de quedarse en la cama. Los primeros sonidos que rompían el silencio de la mañana eran los de la voz del churrero anunciando su mercancía con la cesta colgada del brazo: ... (ver texto completo)
Decir invierno es rememorar el perolo de la señora Nati. A pesar del tiempo transcurrido, la veo trajinando entre cacharros mientras en la cocina económica se cuecen, al calor del carbón y la leña, las peras, los higos, las ciruelas pasas y demás frutas. Acaso fuera la primera Navidad que lo probaba y esa sea la razón de que se me haya grabado con nitidez en la memoria, aunque tal vez se deba al carácter singular de aquella vecina, una persona bondadosa, paciente y comprensiva como pocas he conocido ... (ver texto completo)
Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)
Decir invierno es rememorar el perolo de la señora Nati. A pesar del tiempo transcurrido, la veo trajinando entre cacharros mientras en la cocina económica se cuecen, al calor del carbón y la leña, las peras, los higos, las ciruelas pasas y demás frutas. Acaso fuera la primera Navidad que lo probaba y esa sea la razón de que se me haya grabado con nitidez en la memoria, aunque tal vez se deba al carácter singular de aquella vecina, una persona bondadosa, paciente y comprensiva como pocas he conocido ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (4)

Era invierno

Un hule con el mapa de la Península en colores cubría la mesa camilla, siendo testigo cómplice de cuantas actividades cotidianas soportaba: el desayuno, los deberes del colegio o las labores de costura de las mujeres de casa; bueno, también de las charlas con el abuelo o sus solitarios de cartas para matar el rato. Otras veces, él mismo servía de entretenimiento en el juego de buscar pueblos y ciudades: Reus, Ponferrada, Calatayud, Ciudad Rodrigo, ... (ver texto completo)
El invierno me trae recuerdos, que creía olvidados, de calles heladas, de resbalones y costaladas que producen la risa de los transeúntes, de batallas de bolas de nieve contra los chavales del barrio de San Lorenzo o los de las casas de Gonzalo Ruiz y San Pelegrín; de viejos camiones que suben con dificultad de asmático la cuesta del matadero; de empleados municipales arrojando sal por las calles; de Paquillo Pajero, el Bizco García y su hermano Lorenzo lanzándose temerarios por los resbaladizos ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (4)

Era invierno

Un hule con el mapa de la Península en colores cubría la mesa camilla, siendo testigo cómplice de cuantas actividades cotidianas soportaba: el desayuno, los deberes del colegio o las labores de costura de las mujeres de casa; bueno, también de las charlas con el abuelo o sus solitarios de cartas para matar el rato. Otras veces, él mismo servía de entretenimiento en el juego de buscar pueblos y ciudades: Reus, Ponferrada, Calatayud, Ciudad Rodrigo, ... (ver texto completo)
No sé si sabrán que los centuriones romanos, antes del combate, se hacían la manicura y se depilaban el bello.
Antes de la toma de Numancia, Escipión suprimió todas estas mariconadas. (No, celtíbero, eran metrosexuales.)
Y UNAS CITAS PARA REFLEXIONAR:

"Una vida sin propósito es una muerte prematura"
Goethe
SIGUEN LOS DISPARATES DEL 60

El átomo lo inventó un químico griego.
(Si es que esto griegos, con tal de llamar la atención inventan cada cosa...)

Hay animales que poseen órganos volátiles, conocidos vulgarmente con el nombre de alas.
(Si es que hay gente más vulgar... ¡Camarero! Póngamo unos órganos volátiles de pollo, ah, y una cañita muy fría)
SIGUE LA COSECHA DE DISPARATES DE 1960

La región dorsal está formada por el hueso dorso.
(Elemental y lógico. Y la lumbar por el hueso lumbo, y la cervical por el hueso ciervo, etc.)

Algunos anfibios tienen rabo y son muy grandes como el hipopótamo.
(No entiendo si tiene grande el rabo o el anfibio.)

Los insectos tienen respiración pulmonar, sangre caliente y les gusta tomar el sol.
(¡Toma! y por crees que no voy a la playa, para que no me confundan con un insecto)
MÁS DISPARATES DE EXÁMENES

COSECHA DE 1960

Los reptiles son animales que se disuelven en el agua.
(Camarero, póngame un azucarillo, o mejor, un reptil)

Camoens, aunque era portugués, era tuerto.
(Si es que la excepción confirma la regla. Y Millán Astray, mira éste, y no era portugués.)
DISPARATES DE EXÁMENES

COSECHA DEL 59

Un terremoto célebre fue el de Hirosima.
(Pues ya verás cómo sale algún historiador que le echa la culpa a los americanos.)

Los peces respiran por gallas.
(¿Pero no eran los gallos?)

Los terremotos son movimiento psíquicos.
(Hay que ver lo que puede la mente.) ... (ver texto completo)
Gracias, Vicente, por esta bella foro de San Saturio. Éste es un lugar mágico, no solo para los sorianos.
Un saludo.
Hombre, Félix, no te había "visto" por aquí. Pero si fue precisamente el tío Paco quien trajo a sus moritos... Y eso que eran infieles. Pero él dijo: A mi plim, que sean infieles, mientras a mí me lleven bajo palio...