DEZA: Casi ciego....

Casi ciego.
Agapito Marazuela Albornos nació en Valverde del Majano el 20 de noviembre de 1891, en el seno de una familia de artesanos y campesinos. Era hijo de Niceto Marazuela del Real y Segunda Albornos Revilla, valverdanos de siempre. Su infancia estuvo marcada por la enfermedad. Una meningitis le dejó casi ciego cuando sólo tenía cuatro añitos. A los siete le operaron en Madrid, pero la intervención no salió como hubiera sido deseable y las gafas gruesas le acompañaron de por vida. «A los cincuenta años yo no pensaba tener vista ya, y he visto siempre poco, pero aún veo algo», le contó a Manuel González Herrero en el otoño de su existencia. La ceguera marcó su infancia, privándole de juegos y estudios, aunque era un muchacho aplicado y avezado y siempre se esforzó en aprender. Como no hay mal que por bien no venga, la limitación física le permitió refugiarse en la música, y si la naturaleza le mermó la vista, le compensó con el oído.
«A los doce años –cuenta en 1932– ya tocaba yo la dulzaina, y era contratado en las fiestas de los pueblos… ¡Lo que he corrido yo así!… Después, la afición principal, a la que he dedicado mi vida entera puede decirse, ha sido la guitarra…, pero nunca he perdido el cariño a este pequeño instrumento primitivo, cuyos sonidos tantos recuerdos tienen para mí».

El artista en ciernes decide aprender guitarra y entregarse de lleno a una actividad que le apasiona. Para ello se traslada a Valladolid. Corre el año 1920, y Agapito estudia ocho horas diarias. Apenas puede costearse las clases porque sólo dispone del dinero que gana los fines de semana recorriendo los pueblos con unos dulzaineros pucelanos. Después, la muerte repentina de su hermana le devuelve a Segovia, a la vera de sus padres, que no tienen consuelo, pero en 1923, en mayo, se instala de manera definitiva en Madrid, donde empieza a relacionarse con músicos y guitarristas y amplía conocimientos, a veces de manera autodidacta.