Escuchar al cuerpo.
Dentro de nuestro cuerpo hay muchos egos. Cada centro tiene su propio ego. El intelecto tiene el suyo propio. La emoción tiene el suyo propio. El centro sexual tiene su propio ego, su propio «yo». Si profundizas en la bio-estructura del cuerpo, cada célula tiene su propio ego. Esa es la división. Si careces de ego, si tan sólo estás, sin sentimiento de «yo», entonces eres total. Y en ese ser total, incluso si por un sólo instante eres total, serás "despertado" súbitamente. ¡Y en este estado cualquier cosa puede "despertarte", cualquier cosa!
Una monja zen estaba transportando una vasija con agua. Durante treinta años vivió en el monasterio, trabajando sin descanso, meditando, esforzándose en alcanzar la serenidad, en alcanzar un estado dónde la Verdad pudiera reflejarse. Pero ésta no había venido.
De repente, la vasija cae al suelo y se rompe hecha añicos. Ella permanece inmóvil, como aniquilada, y el agua se desparrama, y ella "despierta". De repente alcanza la Iluminación. Corre, baila, va al templo. Su Maestro acude, toca sus pies y le dice, «Ahora eres un Buda: has llegado».
Pero la monja pregunta, «Dime, ¿cómo ocurrió? Lo intenté de todas las formas, continuamente durante treinta años y no sucedió. Y esta mañana decidí que era totalmente un absurdo y que no sucedería, así que abandone todo esfuerzo. ¿Por qué ha sucedido en este momento?
El Maestro le contesta, «Porque por primera vez fuiste total y sin ego. El esfuerzo crea ego. El mismo esforzarse era la barrera. Ahora, sin ningún esfuerzo, sin motivo, sin ambición alguna, estabas llevando esta vasija con agua y... de repente la vasija cae - ¡bang! - la vasija ha caído y se ha roto, y en un instante te vuelves consciente, sin ego. Y el mismo escuchar cómo la vasija se rompe, la rotura, el ruido, el fluir del agua, y tú sin ego, escuchando totalmente: la cosa ha sucedido».
Un abrazo.
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