Los mayores prepararían los recipientes para transportar la miel y las viandas para la merienda campestre que celebraríamos al aire libre, siempre un poco alejados de las abejas pues al quitarles su tesoro y su comida, suelen estar muy enfadadas y pican como demonios. Se alborotan y con razón.
Un abrazo.
Un abrazo.
Creo que Joselito “El Romero” nos podría dar una lecciones magistrales sobre el tratado de las abejas y la miel al igual que nos las podría haber dado aquel señor que se llamaba el tio Felipe, hijo de aquella mujer rubia que vivía en la casa última de La Solana y que se llamaba “La tia Roya”. Una mujer bajita, regordeta, tiesa y simpática.
Un abrazo.
Un abrazo.