Sr. Manuel de Soria, gracias por estas memorias que nos hacen viajar en el tiempo. Son de la época de mis padres y aunque no somos de Soria me han gustado mucho. ¿Dónde se pueden leer completas?
Un saludo.
Hola, mariángeles, contestando a la pregunta concreta que hacías ayer, puedo indicarte que puedes encontrar "Memorias de Martín Pedraza" en la página soria-goig. com, ahí buscas "Páginas de etnología" (aparece un ratoncito sobre fondo amarillo), pinchas y a la izquierda aparece una columna: "colaboradores", "Pueblo a Pueblo", "Rutas a pie"... "pincha" en "colaboradores" y busca Maderuelo Ortiz, Miguel. Allí están. Si te soy sincero, he tenido que recorrer el camino indicado buscando yo también por ... (ver texto completo)
hola buenos dias amigos-as de soria, capital
entro por primera vez en este foro, cumpliendo una peticion de un conocido amigo del foro de deza
manuel de soria
esta bien que intentes subir el foro de soria haber si se anima
ya he leido el mesaje que me has dejado aqui, te devuelvo las gracias, y lo dicho, en todo lo que te pueda contestar ya sabes donde estoy
saludos a todos los soriano-as desde MENA DE BABIA
Los numantinos le pegaban a la "celia" (no confundir con ninguna concubina) que era la bebida de los antiguos pobladores de la península Ibérica que se hacía con trigo puesto en infusión, de modo semejante a como se hacen la cerveza o la chicha. Entonces no había control de alcoholemia, como ahora, y los Retógenes & company no perdían los puntos del carné de montar a caballo. Pero el Escipión el Africano no quiso presentar batalla y cuando se acabó la celia, se acabó la rabia. ¡Malditos romanos! ... (ver texto completo)
Plinio dice que la celia es un licor de xugo de semillas en España y llamado cervisia en Francia. Floro dice que los numantinos usaban la bebida celia de xugo de trigo, así llamada de la palabra latina calefacere (calentar). Antonio Ruiz Vega ha escrito un más que interesante libro sobre Numancia "El imperio que no pudo ser. Numancia", que recomiendo.
Los numantinos le pegaban a la "celia" (no confundir con ninguna concubina) que era la bebida de los antiguos pobladores de la península Ibérica que se hacía con trigo puesto en infusión, de modo semejante a como se hacen la cerveza o la chicha. Entonces no había control de alcoholemia, como ahora, y los Retógenes & company no perdían los puntos del carné de montar a caballo. Pero el Escipión el Africano no quiso presentar batalla y cuando se acabó la celia, se acabó la rabia. ¡Malditos romanos! ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (4)

Era invierno

Un hule con el mapa de la Península en colores cubría la mesa camilla, siendo testigo cómplice de cuantas actividades cotidianas soportaba: el desayuno, los deberes del colegio o las labores de costura de las mujeres de casa; bueno, también de las charlas con el abuelo o sus solitarios de cartas para matar el rato. Otras veces, él mismo servía de entretenimiento en el juego de buscar pueblos y ciudades: Reus, Ponferrada, Calatayud, Ciudad Rodrigo, ... (ver texto completo)
Sr. Manuel de Soria, gracias por estas memorias que nos hacen viajar en el tiempo. Son de la época de mis padres y aunque no somos de Soria me han gustado mucho. ¿Dónde se pueden leer completas?
Un saludo.
En Avenida nos impresionaba a más de uno; todavía hoy somos muchos los que, años después, lo recordamos y lamentamos su demolición. Era un edificio espacioso, magnífico, sin columnas, con un amplio aforo, con empaque y cierto aire de cine de gran ciudad. Pero tanto o más que su amplia sala, el vestíbulo o los caprichos de su decoración, resaltan grabadas en la memoria dos cosas: el penetrante olor, inconfundible, del ambientador, tal vez desinfectante, y la seriedad de los porteros. Aquel penetrante ... (ver texto completo)
Uniformes de acomodadores, de porteros de cine y espectáculos; de bedeles de institutos de enseñanza y organismos públicos; uniformes de botones de banco y de carteros y de taxistas de las grandes ciudades; uniformes de ordenanzas y conserjes de hotel… época de uniformes. Los niños de colegios de frailes y las niñas de colegios de monjas llevaban uniforme. (Ay, aquellas internas de las escolapias y del Sagrado Corazón paseando las tardes de los domingos soleados de invierno en fila de a dos, las ... (ver texto completo)
Fueron pasando los inviernos y aunque, una vez llegados a la pubertad, se nos abrían nuevos horizontes, el vacío, el aburrimiento y la tristeza de los domingos continuaban siendo los mismos, sin que pudiese remediarlo la evasión del cine que se nos ampliaba ahora a las otras salas de la ciudad, adonde ya acudíamos solos, sin la compañía de los padres o los hermanos mayores. Previamente, por las mañanas habíamos recorrido el Collado para ver las carteleras: unas pizarras colgadas en las columnas de ... (ver texto completo)
En Avenida nos impresionaba a más de uno; todavía hoy somos muchos los que, años después, lo recordamos y lamentamos su demolición. Era un edificio espacioso, magnífico, sin columnas, con un amplio aforo, con empaque y cierto aire de cine de gran ciudad. Pero tanto o más que su amplia sala, el vestíbulo o los caprichos de su decoración, resaltan grabadas en la memoria dos cosas: el penetrante olor, inconfundible, del ambientador, tal vez desinfectante, y la seriedad de los porteros. Aquel penetrante ... (ver texto completo)
Los domingos parecían prometer mucho, pero solían quedarse en poca cosa, casi siempre. Las mañanas del domingo, los más afortunados podían participar en Piruetas, el programa infantil que se emitía en directo desde la emisora de radio que ocupaba un ala del piso alto del palacio de los Condes de Gómara. Un hada y un mago entretenían a los niños. Los elegidos participaban en un concurso que ganaba quien se comiera antes un merengue y consiguiera decir “Pamplona”, sin espurrear a los presentes.

Tristes ... (ver texto completo)
Fueron pasando los inviernos y aunque, una vez llegados a la pubertad, se nos abrían nuevos horizontes, el vacío, el aburrimiento y la tristeza de los domingos continuaban siendo los mismos, sin que pudiese remediarlo la evasión del cine que se nos ampliaba ahora a las otras salas de la ciudad, adonde ya acudíamos solos, sin la compañía de los padres o los hermanos mayores. Previamente, por las mañanas habíamos recorrido el Collado para ver las carteleras: unas pizarras colgadas en las columnas de ... (ver texto completo)
Guardo muy pocos recuerdos de aquellos domingos invernales de la niñez. Entonces, el domingo era el único día festivo de la semana. En el colegio obligaban a ir a misa –el tercero, santificarás las fiestas- y, concluida ésta, apenas el cura pronunciaba el ritual ítem, misa est, pasaban lista por si alguno había tenido la ocurrencia de quedarse en la cama. Los primeros sonidos que rompían el silencio de la mañana eran los de la voz del churrero anunciando su mercancía con la cesta colgada del brazo: ... (ver texto completo)
Los domingos parecían prometer mucho, pero solían quedarse en poca cosa, casi siempre. Las mañanas del domingo, los más afortunados podían participar en Piruetas, el programa infantil que se emitía en directo desde la emisora de radio que ocupaba un ala del piso alto del palacio de los Condes de Gómara. Un hada y un mago entretenían a los niños. Los elegidos participaban en un concurso que ganaba quien se comiera antes un merengue y consiguiera decir “Pamplona”, sin espurrear a los presentes.

Tristes ... (ver texto completo)
Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)
Guardo muy pocos recuerdos de aquellos domingos invernales de la niñez. Entonces, el domingo era el único día festivo de la semana. En el colegio obligaban a ir a misa –el tercero, santificarás las fiestas- y, concluida ésta, apenas el cura pronunciaba el ritual ítem, misa est, pasaban lista por si alguno había tenido la ocurrencia de quedarse en la cama. Los primeros sonidos que rompían el silencio de la mañana eran los de la voz del churrero anunciando su mercancía con la cesta colgada del brazo: ... (ver texto completo)
Decir invierno es rememorar el perolo de la señora Nati. A pesar del tiempo transcurrido, la veo trajinando entre cacharros mientras en la cocina económica se cuecen, al calor del carbón y la leña, las peras, los higos, las ciruelas pasas y demás frutas. Acaso fuera la primera Navidad que lo probaba y esa sea la razón de que se me haya grabado con nitidez en la memoria, aunque tal vez se deba al carácter singular de aquella vecina, una persona bondadosa, paciente y comprensiva como pocas he conocido ... (ver texto completo)
Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)
Decir invierno es rememorar el perolo de la señora Nati. A pesar del tiempo transcurrido, la veo trajinando entre cacharros mientras en la cocina económica se cuecen, al calor del carbón y la leña, las peras, los higos, las ciruelas pasas y demás frutas. Acaso fuera la primera Navidad que lo probaba y esa sea la razón de que se me haya grabado con nitidez en la memoria, aunque tal vez se deba al carácter singular de aquella vecina, una persona bondadosa, paciente y comprensiva como pocas he conocido ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (4)

Era invierno

Un hule con el mapa de la Península en colores cubría la mesa camilla, siendo testigo cómplice de cuantas actividades cotidianas soportaba: el desayuno, los deberes del colegio o las labores de costura de las mujeres de casa; bueno, también de las charlas con el abuelo o sus solitarios de cartas para matar el rato. Otras veces, él mismo servía de entretenimiento en el juego de buscar pueblos y ciudades: Reus, Ponferrada, Calatayud, Ciudad Rodrigo, ... (ver texto completo)
El invierno me trae recuerdos, que creía olvidados, de calles heladas, de resbalones y costaladas que producen la risa de los transeúntes, de batallas de bolas de nieve contra los chavales del barrio de San Lorenzo o los de las casas de Gonzalo Ruiz y San Pelegrín; de viejos camiones que suben con dificultad de asmático la cuesta del matadero; de empleados municipales arrojando sal por las calles; de Paquillo Pajero, el Bizco García y su hermano Lorenzo lanzándose temerarios por los resbaladizos ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (4)

Era invierno

Un hule con el mapa de la Península en colores cubría la mesa camilla, siendo testigo cómplice de cuantas actividades cotidianas soportaba: el desayuno, los deberes del colegio o las labores de costura de las mujeres de casa; bueno, también de las charlas con el abuelo o sus solitarios de cartas para matar el rato. Otras veces, él mismo servía de entretenimiento en el juego de buscar pueblos y ciudades: Reus, Ponferrada, Calatayud, Ciudad Rodrigo, ... (ver texto completo)
No sé si sabrán que los centuriones romanos, antes del combate, se hacían la manicura y se depilaban el bello.
Antes de la toma de Numancia, Escipión suprimió todas estas mariconadas. (No, celtíbero, eran metrosexuales.)