Tu existir agitado y vagabundo
recuerda nuestro frágil existir:
todos somos viajeros en el mundo,
todos andamos por llegar al fin.
Pero a veces retorna el marinero
al duce
puerto que le vio pasar;
mas ¡ay! el hombre, mísero viajero,
a las
playas que amó no volverá.
Nadie puede pararse en el
camino,
porque es preciso eternamente andar:
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