La Alameda fue un pueblo anclado en el tiempo y en el pasado hasta los años cuarenta del siglo pasado. Estaba aislado completamente y solo se podía llegar en cavallería por caminos tortuosos. Si se ponía álguien enfermo tenía que salir una persona propiamente a buscar el médico fuese la hora que fuese, de día o de noche, llovieno y nevando, raso o nublado y andar de ida y vuelta unas tres horas, sin parar, hasta Deza. Llamar al galeno, muchas veces a horas intestivas y despertar al boticario para ... (ver texto completo)