En esta vida casi siempre los pequeños detalles son los que pulen y dan forma a los grandes acontecimientos. Porque así de gran acontecimiento hay que considerar el cocido de Viernes Santo, ese que nos ha llevado a todos los que allí estábamos a engrosar la lista de futuros inquilinos del infierno por convertir una fecha señalada en el calendario del ayuno en un festín pantagruélico. Aunque siempre nos quedará el consuelo de poder culpar a la diosa de los fogones. Al fin y al cabo ella tuvo la idea ... (ver texto completo)