Aunque está muy bién el Bar y el Salón construídos en el lugar que ocupaban estos lavaderos, y hay que aplaudir a quienes lo hicieron, quizás hubiese sido preferible haberles buscado otro sitio, y haber conservado los lavaderos, como recuerdo cariñoso y homenaje a aquellas heroicas mujeres que salían a trabajar al campo, de sol a sol, con sus maridos, o sus padres, que a la vuelta del campo tenían que echar de comer a los cerdos y las gallinas, ordeñar las cabras, hacer la cena y preparar la comida ... (ver texto completo)