Las calles que, entonces eran de un pisar sufrido, se extendían como una alfombra de cantos líticos que desollaban los pies. Transcurrían aquellos tiempos en el que todo el mundo gritaba: ¡Agua va! Y, el contenido de una palangana o, en el peor de los casos, el de un orinal; se estrellaba contra el rudo suelo. Los animales, libres de toda inmoralidad; también vertían sus desechos al libre albedrío. El concepto de higiene estaba claro pero, lamentablemente, aún no se contemplaban los desagües que ... (ver texto completo)