Hasta aquí llegaba por los años treinta la
carretera. Naturalmente sin asfaltar y con el firme de tierra y
piedra machacada. Años más tarde, por los sesenta, se continuó hasta el
río con idéntico firme. Quizá fuera un de las últimas actuaciones de los Picapedreros, oficio de larga
tradición social y literaria. ¿Quién no recuerda aquello del cuento: “Pico, pico, a ver si me pongo rico”?
Ante esta
foto acuden a mi memoria tres recuerdos de este mismo lugar, entonces desprovisto de
casas a ambos lados,
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