Pedro, me ha encantado tu relato, yo conocí esa época, donde numerosas familias vivían en precario, pero con una capacidad de sacrificio que solo el recuerdo infantil (a mi me pasa) lo vislumbra como felicidad. Los padres y hermanos mayores se desvivían en horas de trabajo para sacar la familia adelante. No es de extrañar que la emigración buscando una vida menos penosa, hiciera estragos en nuestro pueblo.
Un afectuoso saludo.
Un afectuoso saludo.
Gracias Manchega. Siento que vamos conectando. Sabía que, para todos los que hemos emigrado, estos retales de nuestras memorias se transforman en alma vitalicia de nosotros mismos. Es la llama de una búsqueda y una respuesta hacia nosotros mismos: ¿Por qué somos como somos y (queriendo conocernos) quién somos?