Ubicada en la parte alta del pueblo está dedicada a San Vicente, se trata de un edificio del siglo XVII de una sola nave y con pórtico. En el interior conserva el Coro y la pila donde se bautizó a al poeta Gabriel y Galán. Han sido restauradas las cubiertas recientemente.
La Naturaleza es sabia; sin cuidados especiales, el campo florece siempre por primavera.
Vista de Gredos, por detrás de Cespedosa de Tormes, desde el Teriñuelo.
Curiosa casita en la carretera.
Así eran algunas de las calzadas que los romanos construyeron para facilitar el traslado de tropas o promover el comercio.
No es una raza autóctona de la zona, pero está bien adaptada al lugar.
Casa que recuerda una arquitectura que ya no está de moda.
Bella y hermosa encina en un paraje próximo al dolmen del Teriñuelo.
Elisa Merino, escultora de Guijuelo, hizo este pequeño monumento dedicado al arriero, profesión a la que se dedicaron una buena parte de los hombres del lugar.
Desde la ladera en la que se ubica esta cruz es posible ver todo el caserío y una gran extensión de terreno hacia el sur.
Todavía se conservan edificios de principios del siglo XX tan agradables a la vista como este. Creo recordar, que en los bajos del mismo existió una guarnicionería.
Fuente antigua, de abundante y de buen agua; además de ser potable y de ella bebían los habitantes del lugar, también servía para lavar la ropa en los lavaderos próximos y, el excedente, para regar los huertos cercanos. Ahora dodo está en desuso y, el agua sobrante, casi no es empleada en el riego ya que son escasas las personas que se ocupan de algún huerto.
Hogar del peregrino en plena ruta de la Vía de la Plata donde el caminante puede recuperar fuerzas para el día siguiente.
La que fue una calle importante del pueblo por la que se accedía al puente y la vega del Tormes, ahora se muestra desierta y sin continuidad más allá del agua embalsada en el pantano de Santa Teresa.
Lugar de encinas centenarias junto al embalse de Santa Teresa.