Unas gambas rebozadas, sopa de fideos; otra vez ensalada de la propia huerta, queso y embutidos que no hice gusto de probar por la dichosa dieta. ¿Café? No. Había poca gana y urgía ir al huerto a no sé qué. Nos aviamos a prisa y salimos pensando en que no nos cogiera la noche allá, viendo las gallinas, los gatos; la piscina nueva. Al entrar ladraba Calcetines (el perro lobo que guardaba la finca) y al pronto, se acercó a él mi hermano; se agachó y le soltó el collar de su cuerda. Salió como un proyectil ... (ver texto completo)