Hace casi cuarenta años que parte de la juventud femenina de Barbadillo hacía sus maletas camino de la Costa Catalana para trabajar en los hoteles. Era una juventud que aprovechaba la oportunidad del verano, acostumbradas al trabajo casi siempre eterno de las jornadas del pueblo, para ganarse lejos del hogar unas perillas, posiblemente a costa de muchas horas de trabajo y de privarse de todo aquello que se le ofrecía al turista venido de fuera. Yo también me curré algún verano en Mallorca, Lloret ... (ver texto completo)