Hola Ana, me alegro que te hayas vuelto a animar a escribirnos algo a pesar de las dificultades que encuentras. Lo de los
balcones, no te creas eso de que son seguros, a mi hermana Urbana se le vino abajo en una de esas capeas, y fue sonada aquella anécdota. Vivia en la parte derecha de la
Plaza Mayor, al fondo del final de la cuesta, ya tomando la salida de una
calle que sale para juntarse con la que da acceso a la
iglesia. Al otro lada había un extrecho pasaje que moría enfrente de la iglesia.