Estamos ante el puente de la Constitución. Antiguamente los chillidos desgarradores de los infortunados cerdos a los que les había llegado (por desgracia) la hora de pasar a engrosas las tripas longaniceras y lucirse por piezas en las despensas de la mayoría de las casas del pueblo, acallaban en los amaneceres de los fines de semana y puentes de este mes a los cánticos de gallo que entonaban su kíquiriki como si estuviesen orgullosos de ser los encargados de anunciar el nuevo día. Como os digo, esos ... (ver texto completo)