Los campesinos, organizados y encuadrados en las comunidades de aldea y en la red parroquial, como fórmulas básicas de convivencia, dispusieron de su propio trabajo y de sus explotaciones agrarias, con capacidad bastante ilimitada para heredar, donar, vender o cambiar su producción agrícola y su
ganado.
En unos cuantos núcleos se terminaron por crear unos determinados
órganos políticos que dentro del realengo, es decir, del espacio dependiente directamente de la corona, representaban los intereses
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