La gradual pérdida de conciencia social de las personas que dentro de un mismo espacio y entorno cultural conviven y se relacionan se hace más evidente que la humana tendencia a la comunicación y el entendimiento, que están volviendose cada vez más frías y distantes. El vivir de cada día nos transforma poco a poco casi en autómatas; un mal genérico, no sólo de España sino global, donde cambiamos sin remedio lo humano y entrañable de la convivencia por el aislamiento y las prisas, sin tiempo para ... (ver texto completo)