Aquellos años fueron para mí una gran fuente de humanidad, aquella tienda marcó la personalidad que hoy poseo; quizás debido a que era un adolescente sin pulir, un metal virgen para ser moldeado. El destino me llevó a las manos de un cristiano practicante, volcado en adoraciones nocturnas y todo eso… Hombre de pueblo e hijo de otro humilde carnicero. El local siempre fue un traspaso, pertenecía a otro dueño. Llegaban a diario visitas de otras gentes muy sanas; amigos todos ellos. Y yo, en medio de ... (ver texto completo)