Por fin hay un pequeño y cuidado parque en la calle principal. La hierba suele estar bien cortada y no faltan flores variadas en sus parterres.
¿Quién es quién? A ver si os animais a darnos los nombre de cada uno de los niños y niñas que aquí aparecen en la fotografía.
El juego de luces y sombras de los atardeceres convierten este rincón en un fantástico escenario del que se puede disfrutar gratis. La foto aquí presentada tan sólo es un recuerdo de un momento ya pasado.
Feliz cumpleaños. Y que los 89, sólo sean un breve descanso a la vera del camino de la vida.
Pues, saludos desde este pueblo y desde toda la Ojeda a la que perteneces. Nuestros pueblos son pequeños, pero no dejan de tener su encanto tanto el arte y la naturaleza como por sus gentes. Así que anímate a seguir colaborando, también con fotos.
Grandes fotos para un pueblo y un paisaje que se lo merece. Mis felicitaciones al fotografo que a la vez disfruta y hace disfrutar de los mejores rincones de Moarves.
Los árboles son hermosos. Y más cuando crecen sólos en el campo. En un terreno dedicado sólo a los cereales, donde nada destaca, esos chopos cargados de brillantes hojas llenan el paisaje de luz y color. Son tres gigantes que protegen los trigales en una naturaleza seca y esquiva.
El comentario anterior me ha gustado mucho. Haber si os animais a poner más comentarios de ese tipo.
No es un bunker. ¿Qué será?
Otra vista de la vega con Oteralbo al fondo.
La vega suele estar llena de vida y de color, sobre todo en otoño. ¿Te gusta esta foto?
Entre la tierra y el cielo están las montañas.
Atardece en la vega. Los sombras avanzan con lentitud sobre las tierras. Palones y colmenar se resisten a ser invadidos por las sombras. Los chopos disfrutan de los últimos rayos de sol. Las montañas se tiñen de azul...
Y empecé a darme cuenta...de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cementos y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas ... (ver texto completo)
De pequeños teníamos miedo pasar por este rincón. No había iluminación como ahora y la puerta tenía un amplio agujero por donde, cuando menos pensábamos, salía un gato. Se oían, por otra parte, ruidos extraños que provocaban no poco terror.