Claudicación final.
Sin embargo, a su juicio, el resultado “no fue del todo positivo”. “Creo que al final cambiaron churras por merinas. Nosotros queríamos que la
fábrica no se moviera de Aguilar y que no se perdieran empleos. Ése fue el momento en el que claudicamos”, lamenta. Según él, las cosas se podrían haber hecho de otra manera “para que la marca Fontaneda no se hubiera ido de aquí, aunque el apoyo de la gente fue muy importante”, reconoce.
Pese a todo, casi diez años después del inicio
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