También yo me acuerdo de ayudar a mi tio Nicolás y a mi tía Isabel en las faenas veraniegas de la trilla en una era que tenían después de pasar la Iglesia. ¡Cómo se babeaban aquellos bueyes que arrastraban el trillo sin poder comerse ni una sola espiga por culpa de los bozales que llevaban puestos! Con qué rapidez tenía que levantarme del trillo y ponerles una lata abollada debajo del rabo para recogerles sus excrementos. En una ocasión me dejó mi tio Nicolás dirigir un pequeño trillo que arrastraba ... (ver texto completo)