Al dar la señal de salida, Sadako ya se había olvidado completamente de todo, menos de la carrera. Cuando le tocó a ella, corrió con todas sus fuerzas. Finalizada la prueba, el corazón de Sadako aún palpitaba con fuerza, produciéndole un intenso dolor en las costillas. Fue entonces cuando, por primera vez, se sintió un poco rara y mareada. Apenas alcanzó a oír a alguien de su equipo que gritaba " ¡ganamos! ¡ganamos!. La clase rodeó a Sadako en medio del alboroto general. Movió la cabaza de un lado ... (ver texto completo)