VILLAOLIVA: Al dar la señal de salida, Sadako ya se había olvidado...

Al dar la señal de salida, Sadako ya se había olvidado completamente de todo, menos de la carrera. Cuando le tocó a ella, corrió con todas sus fuerzas. Finalizada la prueba, el corazón de Sadako aún palpitaba con fuerza, produciéndole un intenso dolor en las costillas. Fue entonces cuando, por primera vez, se sintió un poco rara y mareada. Apenas alcanzó a oír a alguien de su equipo que gritaba " ¡ganamos! ¡ganamos!. La clase rodeó a Sadako en medio del alboroto general. Movió la cabaza de un lado para otro y se le pasó el mareo.
Durante todo el invierno Sadako trató de mejorar su marca. Para poder entrar en el equipo de la escuela, tendría que entrenar todos los días. A veces, después de una larga carrera, le volvían los mareos. Pero decidió no decir nada a su familia.
Trataba de convencerse a sis misma de que no era nada, de que los mareos acabarían desapareciendo de repente, de la misma forma que habían llegado. Pero no fue así. Todo lo contrario; se repetían cada vez con más frecuencia. Aunque alarmada, seguía guardando el secreto para si. Ni siquiera se lo reveló a Chizuko, su mejor amiga.
Era la víspera de año nuevo y Sadako tenía la esperanza de que los mareos desaparecerían como por encanto ¡que maravilloso sería todo de no existir aquel secreto!. A medianoche, desde la cama, otó cómo repicaban las campanas del templo para ahuyentar los males del año viejo y dar paso a un buen año nuevo. Con cada campanada, Sadakp, medio adormecida, pedía una y otra vez que se cumpliera su deseo.
A la mañana siguiente, la familia Sasaki se unió al gentío que visitaba los templos. La señora Sasaki estaba radiante con su kimono de seda floreado.
--Tan pronto como podamos, te compraré un kimono--le prometió a Sadako--Ya tienes edad de tener uno.
Sadako le dio las gracias cariñosamente a su madre. Aunque, en realidad, poco le interesaba tener un kimono. Lo que verdaderamente deseaba era llegar a correr en el equipo de la escuela.