Cientos de anhelos.
Llegó el mes de junio con sus interminables lluvias. Un día tras otro, el cielo permanecía gris y la lluvia golpeaba, incesantemente, contra las ventanas. Las gotas rodaban sin cesar por las hojas del arce y la habitación comenzó a oler a Humedad. Hasta las sábanas parecían estar mojadas. Sadako se veía cada día más pálida y la languidez de su cuerpo iba en aumento. Sólo a sus padres y a Masahiro les era permitido visitarla. Sus compañeros de clase la habían enviado una muñeca ... (ver texto completo)
Llegó el mes de junio con sus interminables lluvias. Un día tras otro, el cielo permanecía gris y la lluvia golpeaba, incesantemente, contra las ventanas. Las gotas rodaban sin cesar por las hojas del arce y la habitación comenzó a oler a Humedad. Hasta las sábanas parecían estar mojadas. Sadako se veía cada día más pálida y la languidez de su cuerpo iba en aumento. Sólo a sus padres y a Masahiro les era permitido visitarla. Sus compañeros de clase la habían enviado una muñeca ... (ver texto completo)