Pero lo bueno del Galgo, y eso poca gente lo sabe -a no ser los beneficiados- es que era el correo de los prestamistas de dinero a bajo coste que había en la zona. El era el que, en sus viajes, vendiendo, o haciendo que vendía, verduras, de las huertas que había en Montealegre, en el valle del Aguijón, entre ellas la del Argentino, o miel, llevaba los prestamos, con lo cual el ganaba algo, el que lo prestaba también y la gente escapaba a los altos intereses de los usureros que no terminaron de acabar ... (ver texto completo)