Un filosofo y su
joven discípulo paseaban por los alrededores de un
pueblo, cuando divisaron una pequeña granja. Tras llamar a la
puerta para pedir un vaso de
agua, les recibió un humilde matrimonio y sus tres hijos, vestidos con pobres harapos. Al preguntarles de que vivian, el grajero les conto que una
vaca les daba leche con la que hacían mantequilla y queso para su autoconsumo y venta.
Lejos ya del lugar, el filosofo le oedeno a su discípulo:"Regresa a la granja, coge la vaca y tirala por un
... (ver texto completo)