Es luz de tarde, que me recuerda aquellas en las que la única calle era un hervor de conversaciones alteradas y de cantarinas fichas de dominó en el café de Ciro. De olor a humo farias en el local y a café cortado o con leche, todos a la espera de que llegara el Correo, que era la señal para que se acabara lo que se daba.
Yo hacía este camino hasta la acogedora casa de Ciro, ahora ausente como nunca, y me deleitaba con la vida tranquila que se vivía en Puente, pese a esos gritos de los que hablo, ... (ver texto completo)
Yo hacía este camino hasta la acogedora casa de Ciro, ahora ausente como nunca, y me deleitaba con la vida tranquila que se vivía en Puente, pese a esos gritos de los que hablo, ... (ver texto completo)