En marzo de 1973 se produjeron las elecciones parlamentarias. La oposición, agrupada en la CODE (Confederación de la Democracia) deseaba obtener dos tercios del Congreso. Si lo lograba, podría emitir una acusación constitucional contra Allende y destituirlo de la presidencia. Pero la UP logró el 43, 3% de los votos y la CODE el 55%.
Allende, buscando una solución a la crisis, intentó un acercamiento con la DC. El primer intento fue con el proyecto de reforma constitucional Hamilton-Fuentealba que fue vetado por el Ejecutivo. Antes de que el Parlamento respondiese al veto, se desarrollaron una serie de conversaciones entre el Gobierno y la DC para hacer aprobar la reforma, de tal forma de que el traspaso de las empresas al «área social» de la economía, fuera leal y pacífico. La piedra de tope era que habría que devolver las empresas tomadas ilegalmente o de forma legalmente dudosa.
El acuerdo no se concretó debido a la oposición del paso, en cambio su compañero de alianza, el Partido Comunista, trabajó por el entendimiento. El paso junto a Carlos Altamirano comenzó con sus acciones transversales y discursos encendidos a crear graves problemas a Allende.
Otro intento de acercamiento fue propuesto por el cardenal Raúl Silva Henríquez, propiciando un diálogo entre Allende y el presidente de la DC Patricio Aylwin, para buscar un acuerdo que pudiera hacer superar esta situación. Pero el diálogo no prosperó. Según el cardenal, fue la intransigencia de la UP la que hizo fracasar la búsqueda de consenso, pero hay que considerar también la oposición al diálogo que manifestó Frei, y de que Aylwin pedía ministros militares con poderes muy amplios, que dejarían fuera del poder a la UP[42].
A Allende no le quedan muchas opciones. Si el golpe de Estado todavía no se daba, fue porque el recuerdo del comandante René Schneider y su doctrina (según la cual las Fuerzas Armadas deben apegarse estrictamente a la Constitución y las Leyes) los detenían. Pero el recuerdo se iba esfumando, y la realidad los impulsaba a tomar el camino del golpe de Estado. Sectores civiles opositores al gobierno se manifestaron frente a los cuarteles arrojando trigo y maíz, e insinuándoles que eran gallinas. Según sostienen algunas fuentes, las acciones de estos sectores eran directamente financiadas por la CIA. Sin embargo, el comandante en jefe era Carlos Prats, quien jamás en su vida se hubiera plegado a un golpe de Estado, por lo que si las otras ramas de las fuerzas armadas lo intentaban, se podrían eventualmente enfrentar al Ejército y devenir en una guerra civil. El Partido Comunista lanzó entonces su campaña «No a la Guerra Civil». Pero en esos mismos instantes críticos, Carlos Altamirano, secretario general del paso, decía: «El golpe no se combate con diálogos, se aplasta con la fuerza del pueblo».
Esto alimentó a los golpistas. La violencia callejera se volvió cada vez más intensa, acercándose a la barrera de los 100 muertos por violencia política durante el gobierno de Allende. Un nuevo foco de violencia se creó entre el estudiantado por el proyecto de la Escuela Nacional Unificada (ENU), el que deseaba cambiar la educación en Chile, de una basada en los valores del capitalismo a una con valores del «hombre nuevo» del socialismo. También este plan integraría una «educación permanente», y aunque el proyecto se encontraba «en pañales» se produjo una violenta reacción de sectores estudiantiles liderados por fuerzas de derecha. La FEUC (Federación de Estudiantes de la Universidad Católica) llamó a defender la libertad educacional contra el «instrumento de concientización política del marxismo» por lo que se enfrentaron en luchas callejeras con agrupaciones de las Juventudes Socialista y Comunista. La Feses (Federación de Estudiantes Secundarios) se dividió entre los que apoyaban la ENU, entre ellos el dirigente Camilo Escalona, y los que la rechazaban, encabezados por Miguel Salazar. Finalmente el proyecto fue retardado por petición del cardenal[43].
Pero el conflicto educacional no fue el único tema de discordia entre los chilenos, el desabastecimiento, las JAP, la reforma agraria, las «tomas de tierras», los grupos armados, los cordones industriales, etc. Son todos motivos de discordia entre los chilenos, cuya convivencia democrática está rota, y ya existen grupos que hablan directamente de realizar un golpe de Estado.
El 11 de junio el Congreso aprobó la reforma constitucional Hamilton-Fuentealba por 106 votos, que volvió inexpropiables los predios inferiores a 40 ha y dio garantías a los comerciantes y transportistas. Allende se negó a promulgar toda la reforma, y se limitó a publicar aquella en la que no tienen grandes diferencias la DC con la UP. Se basó en la facultad que tiene el presidente de vetar una Ley, y ésta debe ser aprobada por 2/3 de los votos para sobrepasar el veto. La oposición consideró este acto inconstitucional, y la Contraloría General de la República le dio la razón. Ahora Allende se puso al filo de la legalidad, (fuera de ella, según la apreciación de la oposición), al ignorar las facultades de la contraloría y del poder Legislativo.
El general Carlos Prats, que cada día se vía con menos apoyo, sufrió un incidente el 27 de junio. Mientras viajaba en su vehículo por la costanera, se le acercó una renoleta de color rojo desde la cual sus pasajeros empezaron a hacerle burlas e insultos. Prats, alarmado, trató de evadirlos, recordando lo ocurrido con el general Schneider. El conductor de la renoleta le saca la lengua y, exasperado, el general le disparó al automóvil, que se detuvo al instante.
Prats se bajó de su auto y recibió una gran sorpresa al darse cuenta que «el conductor» era en realidad una conductora (su peinado causó la confusión), Alejandrina Cox. Anonadado, el comandante se vio pronto rodeado de un gran gentío que le demostraba su repudio. Al regresar al centro de Santiago presentó su renuncia ante el presidente, el cual la rechazó[44]. Un hecho ocurrido dos días después lo salvaría frente a la opinión publica, por el momento.
El 29 de junio, el regimiento blindado no° 2, al mando del coronel Roberto Souper, protagonizó un levantamiento militar contra el Gobierno, usando varios tanques, un porta tanques y dos camiones con 40 hombres cada uno.
Los sublevados intentaron tomar el Palacio de la Moneda, enfrentándose a las Fuerzas de la Guarnición, dirigidas por el comandante en jefe Carlos Prats en persona, el cual puso en riesgo su vida para obtener la rendición de los sublevados. Los miembros de Patria y Libertad, que estimularon el golpe, se asilaron en la embajada ecuatoriana. El resultado final de este intento fue conocido como «tanquetazo», que dejó 20 muertos, de los cuales gran parte fueron civiles[45].
Alarmado, Allende llamó nuevamente a los uniformados a integrar el gabinete, en esta ocasión con los cuatro miembros máximos de las Fuerzas Armadas, mientras planeó su última arma para salir de la crisis: un plebiscito.
Mientras, las acciones del paso lideradas por Carlos Altamirano ya habían contribuido a que las intenciones de Allende se colapsaran.
El fallido plebiscito
ésta fue la única solución viable que veía Allende. El plebiscito debía consultar a los chilenos sobre su mandato, y renunciaría si el resultado le era negativo. Si se aprobaba el plebiscito, el golpe se volvía muy improbable, y si perdía (lo más probable por la composición política del país), se retiraría con la cabeza en alto por dejar su mandato, no por las presiones opositoras sino por designio de la ciudadanía.[46].
Pero su problema estaba en el Comité de la Unidad Popular, que no aceptó la idea del plebiscito. El Partido Socialista sostenía que «seria una renuncia a los logros alcanzados». Apoyaban la posición socialista una fracción del MAPU y la Izquierda Cristiana dentro del comité, y el MIR se indigna tanto con la idea, que dejaron de llamarlo «compañero», refiriéndose a él en adelante como «señor»[47]. El único baluarte de Allende eran para entonces el Mapu Obrero y Campesino (sección moderada), el Partido Radical, y principalmente el Partido Comunista, que compartía su idea de la «vía pacífica al socialismo».
Intentó nuevamente la idea del plebiscito a inicios de septiembre, pero siguió la intransigencia del Partido Socialista. El comunismo dio, entonces, vía libre a Allende para que éste, si así lo deseaba, proclamase el plebiscito a pesar del veto socialista.
Una gestión de Orlando Letelier (ministro de Defensa), convenció al paso para que retire su veto. Allende podría finalmente convocar al plebiscito, pero la gestión de Letelier ocurrió en la noche del 10 de septiembre, cuando el golpe de Estado ya era inevitable.
Sucesos anteriores al golpe de Estado
El golpe fue planeado por prácticamente toda la plana superior de la Armada, salvo el almirante Montero, pero este se encontraba aislado y la Armada obedecía al vicealmirante José Toribio Merino. Lo mismo sucedía en la Aviación, excepto por el general César Ruiz, cabeza de la entidad. Mas al retirarse este último del Ministerio de Obras Públicas y Transporte (que había asumido como consecuencia del «tanquezazo»), Allende lo obligó a renunciar a ambos cargos, ministro y comandante, asumiendo en su lugar el cargo militar el general Gustavo Leigh, opositor al gobierno. El Ejército estaba dividido, pero la balanza cada vez se cargaba más hacía la opción del golpe. En Carabineros no conspiraban más que dos o tres generales de baja antigüedad, entre ellos el general César Mendoza.
Finalmente cayó Prats. El 21 de agosto, una manifestación de esposas de generales se inició frente a su casa, a la que llegaron también varios oficiales de civil a protestar contra él. Fue insultado y apedreado, y al deshacer la manifestación Carabineros, ésta se volvió a organizar[48]. Llegaron al lugar Augusto Pinochet (considerado el «segundo» de Prats), Allende y sus ministros. Todos fueron abucheados. Deprimido y desilusionado, pidió a los generales que reafirmaran su lealtad hacia él; como sólo unos pocos lo hicieron, resolvió renunciar a la comandancia en jefe. Recomendó a Allende al cargo a Pinochet, que tenía una larga hoja de vida como soldado profesional y apolítico.
El 23 de agosto se reunieron Allende, Prats y Pinochet en el Palacio de la Moneda. Al finalizar la reunión Pinochet fue nombrado comandante en jefe del Ejército.
El 22 de agosto la cámara aprobó el Acuerdo de la Cámara de Diputados sobre el grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República, causada por la negativa del Ejecutivo a promulgar la reforma constitucional de las tres áreas de la economía, a pesar de haber sido aprobadas por el Congreso y actuando en contra de la Constitución según el contralor. El texto dejó en claro que es responsabilidad de los ministros militares terminar con la situación de ilegalidad.
Más leña fue echada al fuego. Marinos se reunieron con Altamirano para advertirle de los intentos golpistas, siendo los primeros procesados por la Armada. Altamirano lanzó un discurso incendiario, reivindicando su derecho a recibir informes de cualquiera que denuncie conspiraciones: «Si pudiera, hablaría de nuevo con ellos». «Si se intenta un golpe, Chile será un segundo Vietnam heroico»[49].
Por su parte, la Corte Suprema resolvió responder a la petición de desafuero de Altamirano (pedida por la Armada) el 11 de septiembre.
Preparativos del golpe
Las Fuerzas Armadas estaban preparadas para dar un golpe militar mucho antes de pensar en él. El Ejército tenía «planes de contrainsurgencia», para el caso de que una subversión sobrepasase a las Fuerzas de Orden (Carabineros). Este plan consistía en que el país estaba dividido en diferentes secciones, y para cada una se establecía un plan para actuar contra la posible insurgencia. Este plan sería la base prima para los golpistas, que solo tuvieron que adaptarlo a las nuevas circunstancias.
El problema era el general Prats, que mantenía su lealtad al presidente y tenía a la guarnición de Santiago y al comando de institutos militares en manos de gente cercana (generales Sepúlveda y Pickering).
Se tenía que adelantar el golpe para antes de Fiestas Patrias (18 de septiembre), porque si se retardaba mucho podía ocurrir otro «tanquetazo», que permitiría limpiar de oficiales golpistas la plana del Ejército. Pero cayó Prats, y Sepúlveda y Pickering renunciaron en un gesto de solidaridad. El nuevo comandante en jefe era Pinochet, del cual no se sabía si era o no golpista.
El 7 de septiembre el Almirante Merino envia al Comandante General del Cuerpo de Infanteria de Marina, Contraalmirante Huidobro con una carta escrita en un pequeño papel el cual comprometia a Pinochet y Leigh a poner sus fuerzas para el 11 de septiembre, y la hora 6:30 h en Valparaíso, atrás ellos debían firmar el conforme.
En una reunión el día 9, Allende comentó a Pinochet su intención de un plebiscito. ése mismo día, Pinochet se sumó al golpe.
El 11 de septiembre
Artículo principal: Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973
El 10 de septiembre a las 16:00 h zarpó la escuadra, tal y como estaba previsto, ya que debía participar en las maniobras navales internacionales UNITAS. Mientras tanto, el Ejército se acuarteló. La razón dada: el probable desafuero de Altamirano y Garretón el día 11. Este desafuero, según explicó Pinochet al ministro de Defensa Orlando Letelier, podía causar disturbios, por lo que se hacía necesario el acuartelamiento[50].
En la madrugada del 11 de septiembre, la escuadra reapareció en Valparaíso y las Fuerzas Armadas tomaron la ciudad. El prefecto de Valparaíso, Luis Gutiérrez, realizó una llamada por el único teléfono que funcionaba en el puerto, el suyo (línea dejada libre a propósito por los golpistas), para avisar al subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, que la infantería de marina estaba en las calles y había empezado a tomar posiciones de combate. Urrutia telefoneó a Allende, que se encontraba en su residencia de Tomás Moro. Allende, calmado, pidió ubicar a Pinochet y a Leigh, pero eran inubicables.
A las 7:15 h, Allende, en su Fiat 125, y el GAP se enfilaron hacia el Palacio de la Moneda, llegando veinte minutos después. Cargaba con un fusil AK-47 (regalo de Fidel Castro) y el GAP ingresó al palacio de Gobierno dos ametralladoras y tres RPG-7, además de sus armas personales.
Paralelamente, llegó a esa hora Pinochet al Comando de Comunicaciones, un poco retrasado. Se organizaron las redes de comunicaciones con las demás ramas de las Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh, que se encontraba en la Academia de Guerra Aérea, y con Patricio Carvajal, que sería el coordinador de todo el golpe.
Sepúlveda, director general de Carabineros llegó a la Moneda, y le aseguró que Carabineros le sigue fiel al gobierno. Lo ignoraba, pero Carabineros está ahora controlado por los generales Mendoza y Yovane.
La Cadena Democrática, formada por las radios Minería y Agricultura, emitió la primera proclama militar[51]. Allende debía hacer entrega inmediata de su cargo a la Junta de Gobierno, integrada por los jefes supremos de las Fuerzas Armadas: Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza (los dos últimos recién autonombrados como jefes supremos de sus ramas, Armada y Carabineros respectivamente).
Se le dio también al presidente un ultimátum: si La Moneda no era desalojada antes de las 11:00 h, sería atacada por tierra y aire. El ambiente en la Moneda era de tristeza, lo peor que podía ocurrirles estaba pasando. Carabineros retira las tanquetas y al personal apostados frente ella
Los militares se contactaron con la Moneda y le propusieron sacarlo del país, pero Allende la rechazó. Pinochet se contacta con Carvajal, que le indicó la negativa del presidente a rendirse.
A las 9:55 h los tanques del general Palacio ingresaron en el perímetro de la Moneda. Francotiradores apostados en los edificios aledaños los trataron de repeler, y se inició una balacera. A las 10:15 h, a través de radio Magallanes —la única pro gobierno que aún no era silenciada— Allende emitió su último mensaje a la Nación.[1]
Estatua de Salvador Allende frente al Palacio de la MonedaA las 10:30 h los tanques abrieron fuego contra la Moneda, les siguieron las tanquetas y la infantería, fuego que fue respondido por los miembros del GAP y los francotiradores apostados en los edificios aledaños.
Carvajal se comunicó nuevamente con Pinochet, informándole de la intención de parlamentar. Pinochet exigió una «rendición incondicional».
Sin embargo, también se mostró en ocasiones más humanitario que sus compañeros de golpe. Ofreció a Allende salir del país (Carvajal quería apresarlo), y consiguió que Leigh detuviese el bombardeo aéreo unos minutos, para evacuar a las mujeres del interior de la Moneda (a lo que Leigh se oponía).
A las 11:52 h los cazabombarderos Hawker Haunter iniciaron su ataque a la Moneda, disparando en cuatro oportunidades sus cohetes sobre la casa de Gobierno, el daño causado es devastador. Otros dos aviones bombardearon la residencia presidencial de Tomás Moro, a la sazón defendida por los miembros del GAP que no alcanzaron a llegar con Allende.
El ataque al Palacio de Gobierno prosiguió con el uso de gases lacrimógenos, pero al ver que la Moneda todavía se negaba a rendirse, el general Palacios decidió tomarla y envió a un grupo de soldados a derribar la puerta del Palacio. Son las 14:30 h de la tarde.
Allende decidió rendirse y deponer las armas. Entonces —según el testimonio de uno de sus doctores, Patricio Gijón, que regresó para llevarse su mascarilla antigás— con el fusil AK-47, se sucicidó disparándose en la barbilla, explotando la bóveda craneana y muriendo instantáneamente[52]. Palacios entró en el Salón Independencia, y se encontró con Allende y el doctor Girón. Reconoció al presidente por su macizo reloj Galga Coulde. Llamó al oficial de radio y entregó su escueto informe: «Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto». A su vez Carvajal dice por interno a Pinochet:
"Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: They say that Allende committed suicide and is dead now (Dicen que Allende se suicidó y ahora está muerto)" —Patricio Carvajal, 11 de septiembre de 1973
A las 18 horas se conformó la Junta de Gobierno. A excepción de unas escaramuzas en sitios aislados de Santiago, la junta domina todo el país. La Unidad Popular y su presidente habían muerto, iniciándose diecisiete años de dictadura.
Funerales
Tumba de Salvador Allende en el Cementerio GeneralSus restos fueron enterrados en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, sin una placa que lo identificara, en una discreta ceremonia en que sólo pudieron asistir Hortensia Bussi, Laura Allende y dos sobrinos del presidente, Patricio y Jaime Grove, además del comandante de la FACH Roberto Sánchez[53].
Durante años se mantuvo el mito de que Allende fue asesinado, teoría que ya ha sido descartada por testigos[54], estudiosos y la misma familia del fallecido[55].
Casi 18 años después, el 4 de septiembre de 1990 por órdenes del presidente Patricio Aylwin, Salvador Allende recibió un nuevo funeral, pero esta vez masivo y con los honores de Estado que le correspondían como ex mandatario.
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