Y de los perucos del prado de mi abuelo.
Y de ver a mi abuelita ordeñando a sus
vacas ¡y las conocía por su nombre
Del olor a cera del suelo de madera, de la planta alta.
De los trapos que nos hacía llevar la tía Tere en los pies, para no estropear el suelo.
Del
coche de línea que paraba en la
puerta de la
casa.
Del Chato, el mastín del abuelo que vivió tantisimos años.
De la pista de
baile, al aire libre, yo bailaba con mis primas, claro.
De las pasaderas, pa cá y pa llà, ja, ja. como me
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