. Al pasar por el
valle que fueron
las eras de abajo me inundó un aroma, ya olvidado, de la hierba del valle con el rocío, el fresco del
amanecer y la huella que los rebaños de
ovejas habían dejado al pasar, ya oscuro,
camino de las majadas; en mi cabeza, un torbellino de recuerdos y sensaciones, se agolparon con prisa y me enajenaron unos momentos. Allí, como en una película, me vi echando la parva, sin haber despertado del todo, salir a acarrear y el sonar de las ruedas de los
carros con su llanta
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