Sólo quedaba como opción más aconsejable, una vez franqueados los “pasos altos” de la cordillera pirenaica o cantábrica, utilizar, aprovechando en gran parte las vías romanas, el trazado de la baja montaña que, aunque sinuoso y de dificultad media, era más seguro Así nació el “Viejo Camino de Santiago” (EL VIEJO CAMINO DE SANTIAGO. José Fernández Arenas. Ediciones Vadinienses. 2006) o “Camino de la Montaña”. Como referencia de este Camino tenemos la CARTA DE GUNDISALVO A FROILANO del año 1002 que ... (ver texto completo)