o fui estallido fuerte de la selva y el
río,
y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las
aguas,
y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.
Cuando mi río subía su caricia silvestre
en aventuras locas con el rocío y la
niebla,
con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.
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