No era como el perrín que te miraba y con aquella mirada te decía todas las cosas, pero sí era algo que te daba compañía y entretenimiento; cuando la habías perdido o se había "espapado" andabas bastante desvalido. Cuando la estrenabas, que te la habían traído de Riello o del Castillo, la mirabas, la frotabas y podías verte en su hoja resplandeciente. Había de dos tipos, la gallega, con hoja ancha y punta aguda y un poco peligrosa; el mango de madera cruda con algún dibujo simple hecho al fuego; ... (ver texto completo)
Como siempre SÑOR PEÑA, el relato precioso y lleno de recuerdos, de todos los jugetes que haciamos ami el que mas me gustaba y casi nunca le hacia funcionar era una flauta hecha con la piel de una vara de salgero (un saludo del pueblo de mas arriba)