Un pequeño matiz: Según tengo entendido, Ordoño II no "cedió" por voluntad propia su palacio, si no que, como por aquélla época quería que su capital fuese también sede episcopal, dejó encargado a un sacerdote que buscase un edificio adecuado como catedral para poder reclamar la sede a Roma y partió a la batalla. El curilla, ni corto ni perezoso, decidió que el mejor edificio no era otro que el propio palacio del rey e incluso echó mano del tesoro real para su decoración. Ordoño II era conocido ... (ver texto completo)